
La familia es una referencia obligada en nuestras vidas
El poeta Rainer María Rilke escribió en sus “Cartas a un joven poeta” que «La verdadera patria del hombre es la infancia.»
A mí, de acuerdo con Rilke, me gusta decir que las personas no somos como las setas que aparecemos de repente un día después de una lluvia sin que aparentemente nadie nos haya plantado, sino que somos hijos de una historia y esa historia está cargada de nombres. Ha habido muchas personas y muchas situaciones que han hecho de nosotros y de nuestra sociedad lo que ahora somos.
La familia es una referencia obligada en nuestras vidas. Es muy importante que esta referencia sea positiva porque condicionará mucho nuestra historia personal.
Hoy celebramos la Sagrada Familia: Jesús, María y José. Ellos también tuvieron días felices y días muy duros. Entre el nacimiento y el Calvario hubo de todo. Vieron cómo Jesús crecía y se desarrollaba por dentro y por fuera; qué maravillosa tuvo que ser esa vida compartida por los tres; ver a Jesús crecer y verlo lleno de sabiduría y de fuerza. Claro que también sintieron la angustia de su escapada adolescente entre los doctores y, sobre todo, la persecución implacable que sufrió hasta su muerte en u cruz como el peor de los malhechores.
La familia es un punto neurálgico de una sociedad en crisis como la nuestra y la situación es preocupante.
Vivimos en una sociedad en constante cambio tanto por su fuerza interna, como por el impulso de la tecnología, los avatares sociales y, en ocasiones, los fenómenos de la naturaleza.
Una de las manifestaciones de esta crisis podría ser que la mujer ha salido de la casa y el hombre no acaba de entrar del todo. Se ha creado un vacío que sigue sin llenarse. Cada miembro de la familia tiene que descubrir su lugar.
Hoy se reivindican muchos tipos de familia y es posible que no todos valgan lo mismo. Para ello tendrían que responder positivamente por lo menos a tres cuestiones (o a dos, los no n creyentes): si la familia es un hogar, si es una escuela y si es un templo.
El que sea hogar supone unas relaciones afectuosas intensas. Un hogar no es una pensión. Será escuela si en ella todos aprenden y será templo si se vive una dimensión transcendente, se respeta y ama a Dios y se reza.
En la familia los hijos ocupan un lugar muy especial. Aunque parezca extraño, el premio Nobel de Literatura, el portugués José Saramago, pronuncióestas palabras: “Hijo es un ser que Dios nos prestó para hacer un curso intensivo de cómo amar a alguien más que a nosotros mismos, de cómo corregir nuestros peores defectos para darles los mejores ejemplos, y que aprendan de nosotros a tener coraje… Ser madre o ser padre es el mayor acto de coraje que alguien puede tener”.
Es lógico que, si estas fiestas giran en torno a un Niño, nos interesemos por sus padres, por su familia. Hay familias que están marcadas por una situación problemática y que necesitan nuestro apoyo.
Nosotros también formamos parte de una familia y eso supone un gran compromiso mutuo y una complicidad entre todos para parecernos, desde nuestra fe, a la Familia que hoy celebramos. la familia de Nazaret, una familia en la que nace la la Navidad.
Navidad es siempre que Dios se encarna, siempre que Dios se hace hombre, siempre que hay una mujer que dice sí a la propuesta de Dios, siempre que haya pastores que escuchan el mensaje de los ángeles y del portal, siempre que hay unos magos que se esfuerzan por seguir la estrella.
Entre ellos nos encontramos nosotros y, por eso, somos parte importante de la Navidad. Que nuestra familia fr parezca a la Sagrada Familia de Nazaret.
Que así sea.
Homilía D. Norberto García Díaz / 28 diciembre 2025
Extraída de un texto de Paco Zanuy