IV DOMINGO TIEMPO ORDINARIO . Ciclo A

Hoy escuchamos el mensaje de Jesús

La Liturgia de la Palabra de hoy hace de este domingo una celebración muy especial. Pocas veces se compaginan tan bien todas las lecturas constituyendo un conjunto que incluye todo lo más importante del mensaje de Jesús.

Los preferidos de Dios son los que buscan en Él su descanso

El Profeta Sofonías alude al “resto de Israel”; esos que no son importantes ni son la mayoría, pero son los preferidos de Yahvé; los que buscan refugio en Él y no conocen la mentira. Yahvé es su descanso. No importa que sean pocos porque el Señor es su fuerza y descansan en ÉL.

Los preferidos de Dios son los que buscan en Él su fortaleza

El Salmo 145 sigue hablando de la fidelidad del Señor y su preferencia por aquellos cuya única fortaleza es Él.

Los preferidos de Dios son los sencillos de corazón

San Pablo se dirige a la asamblea de los fieles de Corinto e insiste en las preferencias de Dios. El evangelio del pasado domingo nos enseñó el criterio de Jesús a la hora de escoger a sus colaboradores, humildes pescadores del lago a los que convierte en pescadores de hombres. Son hombres sencillos que renuncian a todo para seguir a Jesús. 

Al escoger al “resto de Galilea de los gentiles”, deja a un lado a los sabios y piadosos para mostrar que su auténtica fuerza radica en Dios y. no en la sabiduría humana. Sobran los engreídos y los trepas. Los elegidos son poca cosa para los hombres, pero muy valiosos para Dios.

Los preferidos de Dios son los bienaventurados

En el Evangelio de Mateo se va a proclamar la Carta Magna del reino, el “Sermón de la montaña”. Las lecturas anteriores han preparado el terreno

Jesús se sienta en un lugar bien visible y sus seguidores se aproximan a escucharle: no hay entre ellos sacerdotes ni levitas con sus vestiduras ni filacterias sino hombres y mujeres sencillos con sus ropas de faena y de caminar, que es lo que les espera.

Llega el programa contracultural de Jesús que acabamos de escuchar en el evangelio de hoy. Es contracultural porque se opone diametralmente a los valores vigentes en esa sociedad y que también siguen vigentes en la nuestra.

Conviene advertir que no es contracultural porque se oponga a la naturaleza del hombre y a lo que Dios espera de él, sino porque nuestra sociedad no lo pone en el foco de lo válido y deseable. 

¿A quién se considera feliz en esta sociedad? ¿Quién se siente plenamente realizado? ¿Qué es lo que más se busca cuando se quiere construir un futuro? No hay que escarbar demasiado para descubrirlo: el poder, el tener, el disfrutar sin preocuparse por nada que no sea uno mismo o su entorno más cercano. Hay que tener dinero, poder, autosuficiencia, salud y también a veces insensibilidad lo que suceda a otros. Tampoco importa si hay que atropellar a alguien para trepar todavía más. Esto sucede en la política, en la empresa, en las familias y tampoco se libra de ello la iglesia.

Las palabras que resuenan en el programa de Jesús son muy diferentes:  pobres, mansos, llanto, hambre, misericordia, limpieza y transparencia, paz, compromiso y persecución.

 Todo eso porque lo que importa es el proyecto de Dios que se refleja en la naturaleza humana y quiere la felicidad absolutamente para todos. Jesús dice que Dios nos quiere a todos felices, pero con una felicidad que surge de la libertad y del respeto a los demás, especialmente a los más necesitados, y a la naturaleza en la que nos movemos.

Dios nos quiere felices no solo después de la muerte, en la «vida eterna», sino en esta vida. Por eso siempre quiere nuestro bien.

  • Dios no quiere la miseria del que carece de todo, sino la pobreza de quien no depende de lo que pueda poseer; 
  • no quiere la violencia de quien se impone por la fuerza, sino la mansedumbre de quien sabe convencer con amor; 
  • no quiere el llanto amargo de quien sufre, sino las lágrimas del que siente como propio el dolor ajeno; 
  • no quiere las hambrunas sino la justicia capaz de ofrecer lo justo a todos; 
  • no quiere los corazones de piedra sino los de carne llenos de misericordia; 
  • no aprueba las artimañas de los “listos” y los trileros, sino la limpieza y transparencia de los sencillos; 
  • no quiere a los vencedores de las guerras, sino a los constructores de la paz desde la justicia; 
  • no quiere a los que no se arriesgan por defender al que sufre la injusticia, sino a los que se comprometen y luchan arriesgándose por los demás.

En resumen, no importa el aplauso de los hombres sino la satisfacción de haber respondido al proyecto de Dios de un mundo de hermanos que se aman.

Pidámosle a María, nuestra Madre, fuerza y coraje para seguir en nuestra vida el programa de Jesús que, en ocasiones, puede implicar también la cruz. Ella estará siempre a nuestro lado.

Que así sea.

Homilía D. Norberto García Díaz

Domingo 1 febrero 2026

Paco Zanuy