III DOMINGO CUARESMA . Ciclo A

Hay dos símbolos que destacan en la liturgia de hoy: la sed y el agua.

El pueblo de Israel se siente abandonado por Yahvé al no soportar la sed que provoca la larga travesía del desierto. No cesa de protestar a Moisés que se queja amargamente a Yahvé de la dureza de corazón de su pueblo. Entonces Yahvé le proporciona agua abundante que hace brotar de la roca golpeada por la vara de Moisés.

Pablo, en la segunda lectura, dice a los cristianos de Roma que sean conscientes de que “el amor de Dios ha sido derramado en sus corazones”

En el relato de Juan, como en el del Génesis, predomina el agua. Moisés la hizo brotar golpeando la roca con su vara; Jesús hará fluir agua viva del corazón de una samaritana tocándolo con su palabra.

Sorprende ver a Jesús junto al pozo “cansado” del camino mientras los discípulos van al pueblo cercano a comprar alimentos. En realidad, no está “cansado” sino “esperando” a la mujer que viene caminando por agua.

El encuentro de Jesús con la samaritana enseña cómo llegar al corazón de las personas.

Para empezar, hay que superar los prejuicios.

Cuando Jesús le pide “dame de beber”la mujer responde: “judíos y samaritanos no nos hablamos”. Y Jesús le responde: “yo sí te hablo porque, si supieras quién soy, serías tú quien me pediría agua a mí”.

Ella le replica despectivamente: “No tienes con qué sacar el agua y, además, no vas a ser tú más que nuestro padre Jacob, que nos dejó este pozo”.

Jesús le contesta: “El agua que yo puedo darte quita la sed para siempre”.

La mujer se burla: “¡Genial! Dame de esa agua y me ahorraré esta caminata bajo el sol”.

Y aquí llega una primera llamada a su verdad: “Ve a buscar a tu marido”.

La mujer esquiva la respuesta: “No tengo marido”. Piensa que así todo queda zanjado. 

Pero Jesús ahonda en su intimidad: “Eso es cierto. Has tenido varios y ahora vives con uno que no es tu marido”.

Ella vuelve a escapar: “¡Eres un profeta!”

Hay una última táctica a la que solemos acudir cuando se trata de esquivar la propia realidad: teorizar. 

“Los judíos decís que hay que dar culto a Dios en el templo de Jerusalén y nosotros decimos que ese culto se da aquí, en el monte Guerizín, ¿Tú qué opinas?”.

La respuesta de Jesús lleva a incidir en lo personal: “Ni en el Guerizín ni en Jerusalén, sino en tu interior. Dios quiere ser adorado en espíritu y verdad”.

La mujer dice: “Cuando venga el Mesías nos lo explicará”. Y Jesús responde: “Soy yo, el que habla contigo”.

Y aquella mujer finalmente se rinde y sale corriendo, como si de un torrente de agua brava se tratara, a contar a su gente que ha encontrado al Mesías y quiere que ellos también lo conozcan.

De rechazar a Jesús por ser judío, pasa a invitar a sus paisanos para que conozcan al Mesías y disfruten de esa agua que nunca se agota.

Queridos amigos: no pongamos obstáculos a Jesús, abrámosle ya nuestras puertas. Que esta santa Cuaresma nos acerquemos a Él y que llene nuestras vidas.

Ahora tenemos la oportunidad de hacerle sitio a Jesús en nuestro corazón y de llegar junto a Él a la celebración de la Pascua con la ayuda de nuestra Madre María y que así brote de nuestro corazón un manantial de agua viva que no se agotará jamás.

Que así sea.

Paco Zanuy

Homiía D. Norberto Garcia Díaz. 8 de marzo de 2026