DOMINGO DE PASCUA DE LA RESURRECCIÓN DEL SEÑOR

¡CRISTO HA RESUCITADO, ALELUYA!

Los cristianos orientales, durante el tiempo de Pascua, prescinden de los saludos rutinarios y se abrazan mientras dicen: “Xristós anesti”, que significa“Cristo ha resucitado”. y responden “Alethós anesti”, “Verdaderamente ha resucitado”. 

Durante más de dos mil años, desde los apóstoles, éste ha sido nuestro primer credo: Cristo es Señor. Cristo es Salvador. Y es Señor y Salvador a causa de la Resurrección. 

Con Jesús resucitado sabemos que es verdad todo lo que Él nos contó de Dios: que es un Padre fiel, digno de confianza, que nos ama más allá de la muerte y al que podemos llamar “Padre» con más fe que nunca porque sabemos que jamás nos defraudará.

Con Jesús resucitado sabemos que Dios es amigo de la vida. La tarea del seguidor de Jesús será necesariamente estar al servicio de las personas, curar y aliviar el sufrimiento de los hermanos… 

Con Jesús resucitado sabemos que Dios hace justicia a los inocentes y que al final la vida triunfará sobre la muerte, el bien sobre el mal, la verdad sobre la mentira y el amor sobre el odio.  Dios está de parte de los crucificados y jamás de los verdugos. 

Con Jesús resucitado comprenderemos mejor sus palabras más duras: eso de que “el que pierda su vida por el Evangelio la salvará” y de que hay que seguir hasta el final cargando cada día con la cruz porque sabemos que Jesús vive para siempre y se hace presente cuando nos reunimos dos o tres en su nombre. No estamos solos: Él nos acompaña durante toda nuestra vida mortal y hasta el fin de los tiempos.

Todo esto es así porque en el corazón de nuestra fe hay un crucificado al que Dios ha dado la razón.

El día de la Resurrección fue el más importante de la historia y, desde entonces, la muerte no tiene la última palabra. 

Podemos vivir en la confianza y esperar más allá de la muerte. Podemos avanzar y no caer en la tristeza de la vejez, vivir y no hundirnos en la soledad y el pesimismo. Podemos vivir sin agarrarnos al consumismo y a tantas otras formas de evasión y olvido.

Llevamos dentro de nuestro corazón la alegría de la resurrección, pero, precisamente por eso, nos enfrentamos a tanta insensatez que arranca a las personas la dignidad, la alegría y la vida.

Ahora comienza un tiempo nuevo: el rey del mundo este ha sido derrotado y comienza el tiempo de Cristo, Rey de Reyes y Señor de Señores.

Alegrémonos con nuestra Madre María que vivió con gozo la Resurrección de su Hijo.

Ahora es el momento de que también nosotros demos testimonio de su Resurrección: “Xristós anesti, alethós anesti”, “¡Cristo ha resucitado, verdaderamente ha resucitado!”.

¡Así es!

Paco Zanuy

Homilía D. Norberto Garcia Díaz. 5 de abril de 2026