DOMINGO XVII TIEMPO ORDINARIO. CICLO A

Jesús explica en cuatro breves parábolas lo que es el Reino de los Cielos. Quiere despertar en el corazón de los discípulos de entonces y de ahora el deseo del encuentro con Dios. 

Las dos primeras parábolas indican la importancia que tiene “decidirse por aquello que de verdad tiene valor”

Jesús explica con parábolas que el Reino de los cielos se parece a un tesoro que aparece de manera imprevista. El texto no dice que quien lo encuentra haya ido a buscarlo, sino que el tesoro estaba ahí escondido y, al encontrarlo, hace cuanto está en su mano para conseguirlo: esconderlo, vender lo que tiene, comprar el campo y quedarse con el tesoro.

El Evangelio dice también que el Reino de los cielos se parece a un comerciante en perlas finas que encuentra una perla de gran valor, vende todo lo que tiene y la compra.

Las dos parábolas coinciden en que los que han encontrado algo valioso se llenan de alegría y deciden inmediatamente vender todas sus posesiones para comprar el tesoro o la perla.

Esa alegría da la fuerza para optar por el Reino y surge de seguir a quien puede proporcionar la felicidad. El drama de cada tiempo, y particularmente del nuestro, es que el hombre “no reconoce en sí mismo ese deseo o lo confunde con un efímero gozo narcisista”. Son palabras del Papa Francisco.

Las parábolas manifiestan lo que es el Reino: una vida nueva por la que merece la pena entregarlo todo.

La vida, como el tesoro, es un regalo del cielo y se encuentra sin haber ido a buscarla. 

Pero la vida verdadera hay que buscarla, como la busca y encuentra el comerciante en perlas finas.

Tenemos que esforzarnos para conseguir el tesoro y la perla, para hacer nuestra la vida del Resucitado, superior a cualquier otro valor.

Hay que saber invertir, venderlo todo y negociar. Si no se renuncia a nada, si no se vende lo que se tiene, nunca habrá vida plena. 

La felicidad del Reino da primacía al “ser”, frente al “tener”. Por eso la opción por el Reino es radical y el encuentro altera todos nuestros cálculos.

El encuentro es también un factor sorpresa que nos sitúa ante la vida o la ausencia de ella. Hay alegría por el descubrimiento de la vida nueva, que nos hace decir “esto sí es vida, esto sí merece la pena”.

Se descubre a Cristo como fuente de vida, a Dios como Padre que te ama. Es un tesoro escondido en el campo de la Iglesia, en una vida llamada a la plenitud y a la felicidad.

Ser sabio es descubrir ese gran tesoro que en el Evangelio se llama Reino de Dios. 

También cuenta Jesús la parábola de la red, donde cabe toda clase de peces (cabemos todos).

La pesca es el juicio de Dios. Él, que es sabio, separará al final lo malo de lo bueno, como sucede en la parábola del trigo y la cizaña.

La apuesta por El Reino es lo único que puede dar vida en plenitud e impide malograrla para siempre.

Los escribas se aferran a lo viejo del Antiguo Testamento, mientras que los discípulos se atienen a lo nuevo que anuncia Jesús. 

En Jesús nos ha llegado gratuitamente la salvación. Es un tesoro de gran valor que tenemos que ir descubriendo cada día de nuestra vida. Vendamos todo lo que pueda impedirnos poseer ese tesoro. Así conseguiremos una vida en plenitud. 

Que María, Madre de Jesús y madre nuestra, entregada totalmente a su Hijo, nos dé fuerza y coraje para descubrir el Reino de Dios, ese tesoro de una vida plena dedicada a seguirle.

Que así sea.

Paco Zanuy. Sacerdote jesuita

Comentario del Evangelio 26 de julio 2026