
Trata de un terrateniente que, al amanecer, contrata obreros por el jornal habitual de la época, un denario. Lo repite tres veces, a las 9 de la mañana, a las 12 y a las 5 de la tarde, sin decirles cuánto les pagará.
Al atardecer, cuando llega el momento de pagar, ordena al capataz que empiece por los últimos y no por los primeros. Todos reciben el mismo salario, y los demás, incluso los de las 6 de la mañana reciben lo mismo. Parece lógico que protesten indignados.
¿Por qué el propietario no empezó por los primeros, los dejó marcharse, y luego pagó un denario a los otros sin que nadie se enterase? ¿Por qué quiso provocar esta protesta? Porque sin el escándalo y la indignación de los primeros no caeríamos en la cuenta de la enseñanza de esta parábola.
Los jornaleros de la primera hora plantean el problema a nivel de justicia. En cambio, el amo lo plantea a nivel de bondad porque él no ha cometido ninguna injusticia porque les ha pagado lo acordado. Paga lo mismo a los de la última hora por bondad, porque sabe que necesitan el denario para vivir.
¿Quiénes son los de las 6 de la mañana y quiénes los de las 5 de la tarde?
En la comunidad de Mateo, formada por cristianos procedentes tanto del judaísmo como del mundo pagano, predicar que Dios iba a recompensar igual a unos que a otros podía levantar ampollas. El judío se consideraba superior a nivel religioso pues su compromiso con Dios se remontaba hasta Moisés. No podían ser considerados iguales a los paganos recién convertidos. Así se comprende el reproche que les hace el propietario (Dios): vuestro problema no es la justicia sino la envidia: os molesta que yo sea bueno.
Han pasado muchos siglos desde la época de Mateo y podemos aplicarnos lo mismo. Los cristianos que han sido cumplidores desde niños, no han faltado a misa, colaboran en la parroquia, ayudan en Caritas, no pueden entender que Dios los recompense a ellos igual que a os que solo pisa la iglesia para entierros y bodas e interpretan la moral de la Iglesia según les convenga. Esto les parecería una gran injusticia.
Dios no lo ve así, porque piensa recompensarlos como se merecen. Si les da lo mismo que a los otros no es por justicia, sino por bondad.
Esto no se puede interpretar como que “Dios es muy bueno y podemos dedicarnos a la gran vida” porque dará lo mismo. La invitación a ia trabajar a las 5 de la tarde, aunque sólo sea una hora, es un toque de atención. No se trata de trabajar menos porque siempre hay tiempo para echar una mano en el tajo.
Este es el tema de la 1ª lectura de Isaías, que usa un lenguaje mucho más severo. No habla de desocupados sino de malvados y criminales. Pero los exhorta a regresar al Señor, que “tendrá piedad” porque “es rico en perdón”.
En el evangelio no son los de la última hora quienes salen al encuentro de Dios sino Dios quien sale, cuatro veces al día, al encuentro de todas las personas que necesitan de su ayuda.
Tanto el evangelio como Isaías coinciden en afirmar, cada uno con su estilo, que los planes y los caminos de Dios están muy por encima de los nuestros.
Dejemos que el Señor cambie nuestra mentalidad y nuestro corazón. Si nos cuesta entenderlo no nos desanimemos y encomendémonos a María porque ella nos ayudará.
Que así sea.
Paco Zanuy. Sacerdote jesuita
Comentario del Evangelio 20 septiembre 2026