DOMINGO XXIX TIEMPO ORDINARIO. CICLO A. DIA DEL DOMUND

“Uno en Cristo, unidos en la misión”.

Este es el lema del Domund de este año. En este domingo celebramos su centésimo aniversario. Instiutuyó este día el papa Pío XI en 1926. Hoy seguimos “unidos en Cristo y en la misión” de transmitir el evangelio.

Además, ayuda mucho la liturgia de este domingo que afirma la primacía de Dios sobre toda la realidad. 

“Yo soy el Señor y no hay otro”. Afirma Yavé por boca del profeta Isaías y el salmo 95 invita a todos los pueblos a cantar su gloria.

Pablo da gracias a Dios por los cristianos de Tesalónica, por su fe activa, por su amor entregado y su esperanza firme. 

Desde ahí podemos comprender cómo debe ser la presencia del cristiano en el mundo y, no sólo de los cristianos. Queda un mensaje y un estilo que debe llegar a todos los confines de la tierra. Para ello desde siempre han estado los misioneros, hombres y mujeres, religiosos y laicos, que dejan su tierra y su entorno confortable y seguro. Algunos hasta entregan su propia vida. Y no sólo en el pasado sino hoy mismo. 

Además, no se limitan a predicar el evangelio, sino que llevan consigo toda una carga de servicios y valores humanos como son la salud y la cultura. 

Hoy se pide nuestra colaboración. Seamos generosos porque así seremos también misioneros. Y no olvidemos a los de casa y a las personas que encontramos cada día. Démosles acogida, cariño y sepamos adivinar lo que necesitan de nosotros. Es una manera de ser misioneros.

Recuerdo una campaña del Domund de hace muchos años cuyo lema era: “El misionero da su vida ¿tú que vas a dar”. La respuesta no podía ser otra que “la mía”. Eso han dicho muchos en todos los tiempos.

El evangelio de Mateo también va de eso. Los fariseos y herodianos quieren tenderle una trampa a Jesús. Preparan una pregunta a la que, si responde que sí, se opone al sentir de la gente y, si dice que no, estará contra la autoridad que ocupaba su pueblo: “¿Es lícito pagar impuestos al César o no?

Jesús le da la vuelta a la situación: les pide a ellos que muestren la moneda con la que pagan ese tributo, les pregunta de quién es la imagen y la inscripción que lleva. Le responden que del César. Conocemos bien la respuesta de Jesús: “Al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios”.

Hay cosas que debemos a la sociedad y ustedes las conocen bien. Lo importante es la imagen e inscripciones que llevamos impresas en lo más hondo: somos imagen de Dios.

Que esta realidad marque nuestro modo de estar en este mundo con los mandamientos que incluyen a todos: “Amar a Dios sobre todas las cosas y al prójimo como a uno mismo”.

Que María Santísima que fue marcada por el Espíritu Santo anime y proteja a todos los misioneros y nos inspire el modo de tener siempre a Dios como centro de nuestra vida.

Que así sea.

Paco ZanuyPaco Zanuy. Sacerdote jesuita

Comentario del Evangelio 17 de octubre 2026