VI DOMINGO PASCUA. CICLO A

Estad siempre prontos para dar razón de vuestra Esperanza

“Estad siempre prontos para dar razón de vuestra Esperanza”. Así comienza la Carta de San Pedro en la 1ª lectura de hoy.

Nuestro mundo está muy necesitado de Esperanza. Bien lo sabía el papa Francisco cuando dedicó a la Esperanza el último año jubilar y tituló “Esperanza” a su autobiografía. Parece que muchos de quienes hoy gobiernan las naciones se mueven por otros intereses. 

A muchos creyentes tampoco nos preocupa demasiado. Tal vez sea porque olvidamos que somos seguidores de Jesús. 

Si no permitimos que se nos olvide esto podremos vivir a fondo la Esperanza. Este mundo necesita ser sanado o y responder al legado que nos dejó Francisco y, con insistencia, recuerda el papa León que pronto nos visitará para recordarnos esta tarea.

En nuestra sociedad es frecuente que cada uno sólo se preocupe de lo suyo. Se olvida lo importante para dedicarse a lo inmediato. Esto no sólo sucede individualmente sino también en todo el entorno social. Las guerras que sufrimos no sólo afectan a Oriente Próximo, Ucrania, Sudán y a otros lugares. Vivimos un momento preocupante. Asustan las noticias de cada día y la cultura de la muerte que ya impera en muchos lugares.

A lo largo de las últimas semanas de Pascua hemos sido invitados a sentir a Jesús a nuestro lado y sentirlo como Camino, Verdad y Vida.

Hoy se nos pide que nos abramos a la Esperanza y al Espíritu que debe continuar la tarea de Jesús y se nos prometen los medios para hacerlo porque Jesús seguirá siempre con nosotros.

El próximo domingo es Pentecostés con la promesa del Paráclito, ese término griego que significa “el que está a nuestro lado”. Él será capaz de avivar la llama de nuestra Esperanza para que podamos dar razón de ella, como dice San Pedro, y asumir la tarea de sanar nuestro mundo. Él nos va a acompañar y a darnos la garantía de triunfar sobre el mal.

Jesús nos ha dicho que tiene que irse al Padre. Para no dejarnos huérfanos y para que podamos realizarla tarea que nos tiene reservada nos enviará al Paráclito. Él será nuestro Defensor y nos comunicará el Espíritu de la Verdad y nos abrirá a la Esperanza..

Jesús dice que el mundo desconoce este espíritu: “Dentro de poco el mundo no me verá, pero vosotros me veréis y viviréis, porque yo sigo viviendo. Entonces sabréis que yo estoy con mi Padre, y vosotros conmigo y yo con vosotros”.

Gracias a ese Espíritu de la Verdad reconocemos que Dios es Padre y es Vida para todos. Gracias al Espíritu podemos comprometernos a estar cerca de los hermanos que nos necesitan y ponernos a su servicio y compartir con ellos nuestra Esperanza.

María es la Madre de la Esperanza. Ella acompañó siempre a Jesús que nos la entregó como Madre desde la cruz. Ella también está a la espera del Espíritu junto a los apóstoles.

En este mes de mayo queremos tenerla muy presente porque es quien mejor puede darnos razones para la Esperanza. Pidámosle que también nos acompañe en la espera del Espíritu.

Que así sea.

Paco Zanuy (sacerdote jesuita)