
Las lecturas de hoy nos invitan a sentirnos Pueblo de Dios y Comunidad llamada a la misión de realizar el proyecto de Dios en nuestro mundo
En estas lecturas encontramos dos multitudes: una (primera lectura) en la ladera del Sinaí. Yahvé, por medio de Moisés, la llama a ser su pueblo manifestándole todo lo que ha hecho por ella.
Así lo proclama el Salmo 99: “Somos su pueblo y ovejas de su rebaño”. Tenemos la garantía, dice el salmo, de que Dios es Bueno, Misericordioso y Fiel, sin límite de lugar nide tiempo.
En el Evangelio de Mateo, se encuentra Jesús con una muchedumbre que lo mueve a compasión y a la que mira con ternura: se compadece de ellos porque los ve como ovejas sin pastor, agotadas y abandonadas.
Dice a sus discípulos que “la mies es mucha y los operarios pocos”. La palabra “mies”hace pensar en una buena cosecha para el futuro y mueve a la esperanza. Pero hacen falta trabajadores, que tendrán que rezar y cuidar la mies para que produzca una cosecha abundante.
Jesús quiere contagiar su mirada compasiva a quienes va a encargar ese trabajo. Llama a doce hombres y los denomina “apóstoles”, una palabra que significa “enviados”.
Son elegidos para sanar y confortar, no para juzgar y castigar.
Su misión consistirá en perdonar los pecados y reconciliar a todos con Dios y con los hermanos. Jesús los instruirá y deberán entregarse a la misión con gratuidad total.
Nadie deberá quedar diluido en una multitud anónima; la mirada de Jesús y de sus enviados deberá hacer que cada uno se sienta reconocido como persona y que todos sean capaces de mirarse y de reconocerse entre sí como hermanos.
Todos, no sólo los “enviados”, sino todos los seguidores de Jesús, estamos llamados a esta tarea en nuestra vida. Se nos invita a mirar con la mirada de Jesús que se entregó por todos cuando no lo merecíamos. Lo dice Pablo en la segunda lectura.
Mirar con la mirada de Jesús significa reconocer a un hijo de Dios en cada persona que encontremos en las calles, en los transportes, en cualquier lugar.
Intenten hacer el sano ejercicio de mirar a algún desconocido imaginando cuáles son sus alegrías o sus preocupaciones, quién le quiere y le espera en casa, qué le preocupa, qué problemas le inquietan. Háganlo hasta sentir que les resulta alguien cercano que merece su ternura.
Pensemos también en todos los que viven en una soledad no deseada debido a su edad o a cualquier otra circunstancia. Necesitan nuestro cariño y nuestra cercanía. Son personas a las que Dios ama, a las que Jesús mira con ternura y compasión.
Jesús se conmovió ante toda aquella gente y, a continuación, envió a los doce con lamisión de sanar y consolar. Y eso, dice Jesús, sin buscar nada a cambio: “lo que recibisteis gratis, dadlo gratis”.
Si queremos seguir a Jesús y ser fieles discípulos suyos, pidámosle que aprendamos a mirar como Él.
El sucesor de Pedro, León XIV, nos ha visitado como enviado de Jesús. Pidámosle al Señor que mantengamos vivos los frutos abundantes de sus palabras y de su ejemplo.
María, su Madre Santísima, Madre de misericordia, es quien mejor aprendió a mirar como su Hijo. Pidámosle que nos ayude en nuestra misión de sanar las heridas, que nos haga permeables al estilo de su Hijo para que también nos sintamos llamados a cumplir nuestra misión en un mundo con tantos problemas como este.
Que así sea.
Paco Zanuy. Sacerdote jesuita