LA ASUNCIÓN DE NUESTRA SEÑORA. CICLO A

Hoy es un día grande en muchos lugares de España. María es la madre a la que siempre acudimos, sea para festejarla con gratitud o para pedir su auxilio en las dificultades. 

Hoy celebramos el presente de María. En él vemos reflejado lo que será nuestro futuro definitivo. Estamos llamados a la plena comunión con Dios y con el Universo, en ese “punto omega” que es Jesús, el Cristo, en el que todo alcanza su plenitud, lo dijo el jesuita Teihard de Chardin. Es donde nos espera María, la llena de Gracia,

Los evangelistas presentan a la Madre de Jesús con rasgos que pueden reavivar nuestra devoción. Su visión nos ayuda a amar, meditar, imitar, rezar y confiar en Jesús con espíritu nuevo y más evangélico.

María es la gran creyente, la primera seguidora de Jesús, la mujer que supo guardar en su corazón los hechos y las palabras de su Hijo. Ella fue la profetisa que cantó al Dios, salvador de los pobres. Fue la madre fiel que permaneció junto a su Hijo perseguido, condenado y ejecutado en la cruz. También fue testigo de Cristo resucitado y recibió junto a los apóstoles el Espíritu Santo.

Lucas nos invita a hacer nuestro el canto de María para dejarnos guiar hacia Jesús por su Espíritu. En el «Magníficat» brilla en todo su esplendor la fe de María y su identificación con su Hijo Jesús.

María proclama la grandeza de Dios: “mi espíritu se alegra en Dios, mi salvador, porque ha mirado la humillación de su esclava”. María es feliz porque Dios se ha fijado en su pequeñez. 

María canta con gozo que el Padre se oculta a “sabios y entendidos”y se revela a “los sencillos”. La fe de María en el Dios de los pequeños nos hace comprender mejor a Jesús.

María proclama al Dios “Poderoso” porque “su misericordia llega a sus fieles de generación en generación”

María nos introduce en el núcleo del mensaje de Jesús: Dios es amor compasivo.

María proclama también al Dios de los pobres que “derriba del trono a los poderosos” y “enaltece a los humildes” para que recobren su dignidad. A los ricos “los despide vacíos”; por el contrario, a los hambrientos “los colma de bienes” para que disfruten de una vida más humana. 

María nos enseña como nadie a seguir a Jesús, anunciando al Dios de la compasión, trabajando por un mundo más fraterno y confiando en el Padre de los pequeños. Un día nos encontraremos con Ella y con Jesús.

Ahora también cada uno de nosotros podríamos recitar nuestro propio “magnificat” con las razones que tenemos para dar gracias y alegrarnos por el amor que Dios nos ha ido otorgando. Imitemos el cántico de María para que también nuestro espíritu pueda alegrarse en Dios porque se haya fijado en nuestra pequeñez y en nuestra debilidad.

Que María, Reina del Universo, nos ayude a seguir a Jesús.

Que así sea, amigos

Paco Zanuy. Sacerdote jesuita

Comentario del Evangelio 15 de agosto 2026