I DOMINGO CUARESMA . Ciclo A

La tentación puede vencerse

La primera lectura de este primer domingo de Cuaresma presenta al hombre creado porDios, pero rebelde a sus mandatos. Esa rebeldía le lleva al pecado y a la pérdida del Paraíso.

En la segunda lectura Pablo abre el camino a la esperanza y anuncia la salvación que llega por Jesús.

El salmo 50 (el “miserere”) nos hace reconocernos pecadores y nos lleva a acogernos a la bondad y compasión del Señor.

En el evangelio de Mateo Jesús es llevado por el Espíritu al desierto. Ese desierto tiene tres elementos: Satanás, la tentación y los ángeles.

Satanás es el adversario de Dios, el mal del mundo. Ahí aparecen la prueba, la tentación, la inseguridad, la dificultad, las amenazas, la desolación, el sin sentido, la podredumbre, la mentira.

La tentación está presente en el mundo: la crueldad, la violencia, el egoísmo, el abuso, la esclavitud, el aislamiento, los miedos, las angustias y la muerte.

Los ángeles evocan la cercanía de Dios que cuida y defiende a Jesús y ahora también a nosotros.

Podemos encontrar dos tipos de desierto: el de Satanás con sus tentaciones y el del encuentro con nosotros mismos. Este último es un lugar de soledad fecunda y de encuentro con Dios en la oración, que también ayuda a encontrar el propio rumbo.

Estos desiertos nos afectan a todos. En ocasiones son desiertos repletos de gente, sin paz, donde es difícil encontrar algo de humano y mucho menos de divino. No sirven para buscar sentido a la vida.

Dios nos pide rechazar las tentaciones que impiden la conversión y que nos dejemos llevaral mismo desierto al que es llevado Jesús por el Espírito Santo: el lugar de la intimidad conDios.

Ese “desierto” es un espacio de escucha en silencio donde es posible oír la voz de Dios y sentirlo presente en las dificultades.

El hombre recupera la armonía primitiva (con Dios, consigo mismo y con la creación)cuando está preparado para a enfrentarse al Enemigo. Este combate exige entrenamiento. La cuaresma es el tiempo adecuado para ello.

Existen realidades expresadas con palabras que hoy no se consideran políticamente correctas: mortificación, penitencia, conversión, sacrificio, renuncia, silencio, soledad, oración. Si no nos asustamos y sabemos entenderlas adecuadamente van a resultarnos muy válidas para descubrir un aspecto sorprendente de la vida cristiana y una auténtica liberación.

Jesús en el desierto experimenta la cercanía y la especial relación con su padre Dios y deallí sale dispuesto a cumplir su misión.

Marchará a Galilea a proclamar el Evangelio de Dios: “Se ha cumplido el plazo, está cerca el Reino de Dios: Convertíos y creed la Buena Noticia”.

Todos necesitamos algo de desierto para saber discernir entre el bien y el mal. Esto es muy importante para tomar decisiones vitales y para cumplir nuestra misión.

Bonhoeffer, un conocido teólogo, dijo: “El cristianismo predica el valor infinito de lo que aparentemente no tiene valor, y la infinita falta de valor de lo que parece ser muy valioso.”

Buscar a Dios donde Él quiere ser buscado y como quiere ser buscado significa enfrentar con valentía la propia interioridad y atreverse a abrir los ojos del corazón.

S. Agustín, en sus Confesiones dijo: “¡Tarde te amé, hermosura tan antigua y tan nueva, tarde te amé! El caso es que tú estabas dentro de mí y yo fuera, y fuera te andaba buscando; y, como un engendro de frialdad, me abalanzaba sobre la belleza de tus creaturas. Tú estabas conmigo, pero yo no estaba contigo.”

Dispongámonos a vivir la Cuaresma dejándole a Dios más espacio en nuestra vida. Él está muy cerca. Acerquémonos tal como somos porque nos está esperando.

Creamos en la buena noticia, dejémonos llevar al desierto y empecemos a convertirnos cada día de esta cuaresma.

Que nuestra Madre María nos acompañe en nuestro caminar para que lleguemos a la Pascua dispuestos a seguir a Jesús.

Que así sea.

Paco Zanuy

Homilía Domingo 22 febrero 2026