“Convertíos, porque está cerca el reino de los cielos”

“Jesús comenzó a predicar”. Así introduce el evangelista Mateo el ministerio de Jesús. Él vino a hablarnos con su palabra y con su vida. El Evangelio de hoy nos dice cómo, dónde y a quiénes dirigió Jesús su predicación.
Comenzó con una frase muy sencilla: “Convertíos, porque está cerca el reino de los cielos”. Es su primer mensaje: Dios no está lejos, sino que baja a la tierra y se hace hombre. Elimina las barreras y se hace carne en Jesús.
Es un mensaje de alegría. Dios toma nuestra condición humana por amor. Quiere estar con nosotros para darnos la felicidad de vivir, la paz del corazón, la alegría de ser perdonados y de sentirnos amados.
Es así como se entiende esa invitación de Jesús: “Convertíos”. Jesús también nos dice hoy: “¡Ánimo, estoy a tu lado, hazme sitio y tu vida cambiará!”. Él nos llama, nos consuela y nos anima. Consigue nuestra conversión sacudiéndonos y liberándonos de la parálisis del egoísmo.
¿Dónde comenzó Jesús a predicar? La primera lectura y el Evangelio hablan de los que estaban “en tierra y sombras de muerte”: son los habitantes del “territorio de Zabulón y Neftalí, camino del mar, al otro lado del Jordán, Galilea de los gentiles”. La región donde Jesús comenzó a predicar se llamaba así porque estaba habitada por una mezcla de pueblos, idiomas y culturas. Allí vivían pescadores, comerciantes y extranjeros. No era un lugar que se caracterizara por la pureza religiosa del pueblo elegido. Sin embargo, Jesús comenzó desde allí y no desde el atrio del templo en Jerusalén. Lo hizo desde la Galilea de los gentiles, un lugar fronterizo, marginal.
La Palabra que salva se dirige a lugares donde creemos que Dios no llega. Cuántas veces vamos al Señor muy formales y tratando de evitar que su verdad desmonte nuestros esquemas.
Jesús “recorría toda Galilea, proclamando el Evangelio del reino y curando toda enfermedad”. Él no teme explorar nuestros corazones, nuestros lugares más ásperos y difíciles. Sabe que sólo su perdón nos cura, sólo su presencia nos transforma y sólo su Palabra nos renueva. Dejémosle entrar en nosotros. Hagámosle sitio.
Finalmente, ¿a quiénes comenzó a dirigirse Jesús?
El Evangelio dice que paseando junto al mar de Galilea vio a dos hermanos, que estaban echando la red en el mar, pues eran pescadores y les dijo: “Venid en pos de mí y os haré pescadores de hombres”.
Los primeros destinatarios de la llamada fueron pescadores; no fueron personas cuidadosamente seleccionadas en base a sus habilidades, ni hombres especialmente piadosos, sino personas corrientes que estaban trabajando.
Jesús les dijo: “os haré pescadores de hombres”. Habla a los pescadores en su propio lenguaje y desde su propia vida. Los llama donde están y tal como son, para que formen parte de su misma misión. “Inmediatamente dejaron las redes y lo siguieron”. ¿Por qué inmediatamente? Sencillamente porque se sintieron afectados; no obedecieron una orden, sino que fueron atraídos por el amor.
Para seguir a Jesús no bastan las buenas intenciones. Es necesario escuchar su llamada cada día. Sólo Él, que nos conoce y nos ama sin límite, nos hace salir al mar de la vida. Así lo hizo con aquellos discípulos del mar de Galilea que lo escucharon.
Hoy vivimos sacudidos continuamente por multitud de mensajes y acontecimientos. En medio de tantas palabras, necesitamos escuchar esa Palabra que no habla de cosas, sino de vida.
Queridos amigos, hagamos sitio en nuestro interior a la Palabra de Dios. Leamos a diario algún texto de la Biblia, comenzando por el Evangelio. Tengámoslo en nuestra mesilla, llevémoslo en el bolsillo o en el móvil, dejemos que nos inspire cada día. Descubriremos que Dios está muy cerca, que ilumina nuestra oscuridad y nos guía con amor.
Nos encomendamos a María para que nos ayude en esta maravillosa tarea cotidiana de seguir a Jesús.
Que así sea.
Homilía D. Norberto García Díaz
Domingo 25 enero 2026
Paco Zanuy