DOMINGO Epifanía del Señor . Ciclo A

La Fiesta de Epifanía significa que lo ocurrido en Belén no es un acontecimiento tan solo para algunos íntimos. Además de los pastores y de otros personajes tradicionales hay que dar paso a una procesión ininterrumpida de extraños que llegan por todos los caminos y que quizá sigan también a una estrella.

Sólo San Mateo relata el episodio de los Magos de Oriente. A diferencia de San Lucas, que da los detalles sobre el   nacimiento de Jesús -el pesebre, los pañales, los pastores y los ángeles- San Mateo se limita a decir que «Jesús nació en Belén de Judá en tiempos del rey Herodes», para añadir que «entonces unos magos de Oriente se presentaron en Jerusalén».

Hay que escrutar el horizonte lejano, no perder de vista los caminos y prepararse porque el Niño de Belén ha venido para todos.

La epifanía es precisamente la manifestación de lo que Pablo llama el misterio de que la salvación traída por Jesús no tiene límites, porque afecta al mundo entero, a cada lugar y a cada persona. Es un don gratuito y universal.

«Por todas partes» «todos» son las palabras que mejor caracterizan esta «fiesta de la manifestación».

Hoy se nos invita a dejar a un lado los sectarismos y las exclusiones.

La Epifanía se celebra «saliendo» de casa, y mirando más allá deJerusalén y de nuestros belenes particulares.

En oriente llamaban a la epifanía “ta phota”, la fiesta de las luces. Pero la luz ya no habita sólo en Jerusalén, como en la visión de Isaías. «Levántate, brilla…» (Primera lectura). Jerusalén necesita ser despertadapor los buscadores de Dios venidos de lejos y que no encuentran la luzen Jerusalén. Los magos no dudan en ponerse en camino para buscar, aprender y descubrir.

La Epifanía, fiesta de las luces, nos advierte de que se necesita caminar mucho antes de alcanzar esa claridad que permite caer de rodillas ante el único Señor.

La historia de los magos es la trayectoria de quienes están en la vida siguiendo un objetivo, una meta, una ilusión, una estrella.

Esa estrella -Dijo el cardenal Martini– es el signo de la esperanza. Los signos de la esperanza en el mundo todos los ven, pero no todos los siguen.

Son signos de esperanza que cada uno ve desde donde se encuentra y   cada uno está llamado a encontrarlos en su vida.

Debemos iluminar el camino de los demás hombres, como la estrella de Belén, de la que Mateo dice que proporcionó una gran alegría.

¿Sabremos ser luz y que nuestras obras proclamen la verdad del Evangelio?

Esta responsabilidad se nos ha confiado a cada uno de nosotros y ésta es hoy la misión de la Iglesia: la predilección por los pobres y humildes y que el amor a la paz sea un signo luminoso para el mundo.”

Que la luz que guió a los magos hasta Jesús amplíe nuestro horizonte y que en nuestro corazón haya lugar para todos.

Que así sea.

Paco Zanuy

6 de enero 2026