II DOMINGO TIEMPO ADVIENTO CICLO A

Las lecturas nos dejan un mensaje de esperanza

Ya hemos encendido la segunda luz de nuestra Corona de Adviento, Es una etapa más de nuestro camino interior hacia la Navidad.

Hoy encontramos a los dos grandes profetas del Adviento: Isaías y Juan Bautista. Ambos dejan un mensaje de esperanza y también de exigencia. Hablan de prepararnos para recibir al que vendrá. Entre los dos profetas el apóstol Pedro nos anima a acogernos mutuamente entre nosotros y a abrirnos a la esperanza leyendo y meditando la Escritura.

El texto de Isaías impresiona. Usa un lenguaje muy gráfico que expresa cómo será el que viene y qué mundo desea. Sobre él se posará el espíritu del Señor: espíritu de prudencia y sabiduría, espíritu de consejo y valentía, espíritu de ciencia y temor del Señor”.

Comprender esto exige reflexión y mucha oración. Se trata de las cualidades del que se nos anuncia y que además suponen un reto para nosotros. Son un modelo de vida.

Isaías completa estas cualidades describiendo el tipo de mundo que puede surgir de ellas: El que viene no juzgará por apariencias ni sentenciará sólo de oídas; juzgará a los pobres con justicia, con rectitud a los desamparados. Y así se transformará la realidad. Habrá una convivencia pacífica y cordial entre todos. En ese mundo el león, en lugar de devorar al buey, comerá el pienso a su lado. Isaías se recrea en la descripción de este mundo según los parámetros del Espíritu.

El evangelio de Mateo presenta al segundo profeta del Adviento, Juan Bautista: Juan llevaba un vestido de piel de camello, con una correa de cuero a la cintura, y se alimentaba de saltamontes y miel silvestre”. Su mensaje llama a la conversión y a la realización de la vieja profecía de Isaías: Una voz grita en el desierto: preparad el camino del Señor, allanad sus senderos”.  En esta primera presentación el Bautista no se centra en sí mismo ni en su mensaje, sino en anunciar al que viene: “El que viene detrás de mí puede más que yo, y no merezconi llevarle las sandalias”.

“Preparad el camino al Señor” significa levantar los valles y las hondonadas que hay en nosotros, los vacíos de nuestra vida, la falta de interioridad y tantas otras carencias para escuchar la llamada a abrir los ojos del corazón y de llenar de contenido nuestra vida interior.

Salgamos de nuestros intereses más mezquinos para respirar un aire más fresco y reconfortante más allá de lo inmediato e intrascendente. Rellenemos esos baches con la oración, el servicio y la atención a los que más nos necesitan. ¡Hay tanto por hacer!

Otra tarea es la de rebajar montes y colinas. Sobran el engreimiento y la autosuficiencia que impiden vivir en la verdad y en la sencillez. Hay que recortar la violencia, la soberbia, el ansia de poder y poseer, así como tantas otras cosas que impiden vivir según el Espíritu. ¡Queda tanto por hacer en este camino hacia la Navidad!… Es hora de ponerse a ello.

Preparemos el camino al Señor en este Adviento. Allanemos los senderos con gestos de austeridad, de oración y de encuentro con la Palabra. Así iremos transformando nuestra vida. 

Esperemos junto con María, Madre de la Esperanza, la llegada de nuestro Salvador que ya está cerca.

Que así sea.

Paco Zanuy